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Campaña NO al Préstamo de pago en Bibliotecas

Campaña NO al Préstamo de pago en Bibliotecas

Manifiestos:

Manifiesto de editores contra el canon en bibliotecas:

El Estado español ha iniciado los trámites para a incorporar a su legislación la directiva europea 92/100, que obliga a las bibliotecas a pagar por prestar sus libros a los lectores. Esta directiva constituye un ataque a uno de los pilares del derecho de autor: el sistema de excepciones que garantiza la utilidad social de la propiedad intelectual –y, así, su legitimidad–, y que tradicionalmente ha amparado, entre otros usos, el préstamo bibliotecario. Es, asimismo, una norma netamente ideológica cuya única explicación es el intento irracional de llevar la privatización de los servicios públicos hasta sus últimas consecuencias.

La implementación del canon bibliotecario significará la reducción de los presupuestos que nuestras bibliotecas pueden dedicar a la compra de libros, lo cual afectará especialmente a numerosas ediciones minoritarias pero de gran valor bibliográfico. Todo ello en uno de los países de la Unión Europea con menor gasto social en bibliotecas y más atrasados en cuanto a indicadores de lectura.

Las bibliotecas son compañeras de viaje inseparables de cualquier editorial: como herramienta de trabajo, como memoria de su labor, y como encarnación de la dimensión comunitaria de la literatura. En un país como España, donde hay una producción editorial desmesurada sin relación con el número de lectores, la protección y ampliación de las bibliotecas supone una garantía de que los azares del mercado no condenarán al olvido nuestra labor profesional.

Por eso, los editores abajo firmantes exigimos al Ministerio de Cultura y al Gobierno de España que emplee todos los recursos a su alcance para evitar la aplicación de la directiva 92/100 estableciendo las alianzas necesarias con otros países de la UE cuyos gobiernos se han manifestado en contra de esta medida.

Adhesiones:

adhesioneditores@noalprestamodepago.org
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Manifiesto de escritores:

NO AL CANON POR EL PRÉSTAMO DE LIBROS

Las escritoras y los escritores abajo firmantes, conscientes de la importantísima función social de las bibliotecas públicas y de nuestra deuda con ellas, nos negamos rotundamente a cobrar un canon por el préstamo de nuestros libros.

Las bibliotecas prestan un servicio público de primerísimo orden; que ahora se pretenda hacerles pagar por cada préstamo efectuado es sencillamente inadmisible, y no vamos a permitir que se haga en nuestro nombre, cuando los verdaderos beneficiarios de esta medida serían las grandes editoriales y las entidades gestoras de (supuestamente) los derechos de los autores.

Nos negamos a servir de coartada a esta nueva maniobra de mercantilización de la cultura, y exigimos que no se cobre canon alguno por el préstamo de nuestros libros.

Carlo Frabetti

Adhesiones:

adhesiones@noalprestamodepago.org
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Manifiesto de profesores ver texto completo Aquí

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Cartas a los periódicos:

César es Dios

Ese es el problema en nuestros días. Los derechos de autor son gestionados por entidades privadas que han encontrado un filón, inagotable al paso que vamos, “protegiendo” a los autores. Se va a pagar canon por el préstamo bibliotecario de obras de Shakespeare y de Cervantes, cuyos derechos están en dominio público hace bastante tiempo. ¿Va a ganar más dinero Miguel Delibes por cobrar el préstamo de sus novelas en una biblioteca pública? ¿Sirve esta medida para fomentar la lectura, actividad básica hoy por hoy en la educación de las personas? ¿Se va a alterar el sueldo de los bibliotecarios un ápice con ella? El canon no da a cada uno lo suyo, se lo quita a los de siempre.

13/03/07

Julieta Pérez

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Alquilamos todos los libros

Querido director, me parece que hay un asunto de importancia para nuestra sociedad que no están recogiendo los medios: la inminente imposición de un canon por préstamo de libros en bibliotecas públicas, asunto que se ha incluido en la ley "De la lectura, del libro y de las bibliotecas" actualmente en el Congreso. Como bibliotecaria española en un centro estadounidense me apena ver que las bibliotecas públicas españolas van a pasar por el aro de la mercantilización, y van a empezar a gravar el préstamo de libros, en concepto de supuestos derechos de autor. En EE UU, paraíso liberal, la biblioteca pública sigue siendo gratuita y se considera uno de los pocos espacios públicos que aún sobreviven; la biblioteca pública es además promotora de la lectura y, como tal, aliada de los autores. Aquí, más papistas que el papa, vamos a gravar el préstamo, porque nos lo impone Europa. No me cabe duda de que eso es prostituir el objetivo último de la biblioteca pública, hasta convertirla en casa de lenocinio, donde el placer se paga. A este paso, si entre todos no lo impedimos, vamos a tener que cambiar nuevamente el lema de la Biblioteca Nacional : nosotros, ahora, "alquilamos todos los libros".

Mª Jesús del Olmo

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Bibliotecas amenazadas

Recientemente, una sentencia del Tribunal Europeo de Justicia obliga a España a cumplir con la directiva 92/100, que grava el préstamo de libros en bibliotecas. La sentencia y la directiva siguen consolidando la "Europa de los mercaderes" que contempla impertérrita el progresivo acoso y derribo de los servicios públicos. En una vuelta de tuerca más en la lógica mercantilista, ahora las entidades de gestión, que representan fielmente los intereses de los grandes poderes editoriales, quieren cobrarnos por tomar prestado un libro de la biblioteca. En concepto de derechos de autor, se nos dice. No es cierto: la inmensísima mayoría de los autores no van a percibir un euro de lo que van a recaudar estas entidades y son más promocionados en las bibliotecas que en las librerías. Los derechos de autor ya están contemplados en el precio del libro. ¿Tenemos que consentir que haya que pagar también por el préstamo? ¿Y una vez aceptado este paso, cuál será el siguiente? De momento, se nos dice por parte del Ministerio de Cultura, "no paga el usuario". ¿Entonces, quién paga, si las bibliotecas se financian con nuestros impuestos?

Si seguimos aceptando la mercantilización de los servicios públicos y de los bienes comunes (como el conocimiento y la cultura, patrimonio social que está pasando a manos privadas), no pasará mucho tiempo para que tengamos que pagar por respirar. Desde luego, así no se promociona la lectura; España es un país con bajo gasto social en bibliotecas y con pobres índices de lectura, y este nuevo impuesto es una desgraciada actuación que va a empeorar las cosas. No podemos consentir que la biblioteca, como bien público que tenemos que proteger, sufra este tipo de tropelías.

Pedro López López

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Artículos de escritores:

Por la lectura

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May. ver artículo completo

José Luis Sampedro


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Suicidio cultural

Se vuelve a trabajar en alguna comisión del Congreso sobre una directiva europea disparatada y bastante más seria y trascendente que la opas: el pago que se pretende que hagan las bibliotecas por cada libro que presten, una especie de canon que cobrarán las editoriales y una extraña representación de autores en la que no sé hasta que punto son todos los que están, pero que, desde luego, en absoluto están –ni de lejos- todos los que realmente son.

La mayoría de las bibliotecas de nuestro país son públicas y se mantienen gracias al trabajo ilusionado de los/las bibliotecarias y al empeño de muchos buenos maestros que incitan a la lectura. ¿Los fondos para compras? Pregunten y se sonrojarán: en la mayoría de los casos apenas hay dinero. Y lo cierto es que ya casi todos los pueblos, por pequeños que sean, cuenten con su biblioteca y lo que es aun más importante: casi siempre que vas, están animadas, con gente, con vida. A una generación como la nuestra se nos pone, ante este panorama, esa sonrisa tontorrona de la ilusión en el futuro, de la esperanza en una generación que no solo se da a la play satation sino también –y muchas veces una cosa lleva a la otra- al libro-de-toda-la-vida.

Llegar a esta situación –que sin ser la ideal es infinitamente mejor que la de nuestra infancia- nos ha costado mucho esfuerzo, mucha donación, mucha vocación y lo que aun nos queda. Pues bien, ahora llega una normativa de Bruselas en la que se pretende obligar a todas las bibliotecas a pagar a editores y autores por prestar un libro. Y como todo el mundo sabe que las bibliotecas son la primera preocupación de las Administraciones, pues sin problema: les sobra el dinero. Pero no es Bruselas, claro, porque a nadie con dos dedos frente se le ocurriría semejante disparate. Detrás de esa normativa están los intereses economicos de siempre, grupos editoriales y un puñado de autores que, o cobran de esta forma para mi inmoral, o en su vida verán un euro porque, sencillamente, no venden.

Como un poco autor, bastante europeo y muy amante de la lectura, siento una profunda vergüenza. Exijo –y pido desde aquí a los escritores que estén de acuerdo que también lo expresen- que si alguna vez alguien pide un libro mío en una biblioteca, no solo no se cobre un euro sino que se le de las gracias por leerme. Y lo exijo como autor de ese libro y porque la biblioteca ya ha pagado por su compra y se acabó. Lo que luego haga con mi libro, lo preste o no, ya es cosa suya. Entramos pues en el debate de la extensión de los derechos de autor que en el caso de la literatura me parece inmoral. Pero no a mi, que apenas cuento; desde que esa normativa se puso en marcha, la inmensa mayoría de los autores serios, de los que de verdad tienen lectores, han manifestado en muchísimos foros que están contra semejante disparate. ¿Y qué decir de las editoriales? Resulta incomprensible que no entiendan que los lectores de biblioteca de hoy son los que en un futuro mantendrán el negocio. ¿A qué estamos jugando? ¿A qué esa preocupación por las nuevas tecnologías como peligro para la lectura de libros si luego lo primero que hacemos es dar una patada en la boca a los que preocupan porque la gente lea?

Bruselas no es el mon te Sinai y de vez en cuando conviene plantar cara y hasta desobedecerla. Por ejemplo en esta ocasión. Si con la que está cayendo ponemos más difícil aun la vida de las bibliotecas, es que somos unos suicidas culturales. Quisiera nombres de los autores que quieren cobrar por el préstamo y de las editoriales que apoyan una medida tan miserable. Y desde aquí, sin que sirva de precedente, pido cualquier tipo de manifestación que consiga frenar lo que no soy capaza de interpretar más que como bastardos intereses económicos de unos pocos frente a toda la sociedad.

Andrés Aberasturi

23/02/2007

Europa Press
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Ni se le ocurra tararear a Mozart

Cada vez que la Orquesta Nacional interpreta a Mozart y lo hace con una partitura que haya sido publicada hace menos de 70 años, paga derechos de alquiler por uso colectivo, no a Mozart, por supuesto, sino al editor de esa partitura. Cada vez que hace una fotocopia de alguna de las partes instrumentales de esa partitura, digamos los violines o los clarinetes, lo que hasta un sordo comprende que es imprescindible para que la orquesta funcione, vuelve a pagar por derechos de reprografía. Cada vez que se publica una nueva edición crítica de una obra clásica, las orquestas se echan a temblar: algunos directores quieren trabajar con esas partituras (que quizás han modificado algunas notas del total de la obra) y eso supone pagar, no por su compra (que las editoriales no permiten) sino por su alquiler, una y otra vez, cada vez que la orquesta actúe. Y por supuesto, si el concierto va a ser retransmitido por radio o por televisión, hay que volver a pagar otra vez, otra cantidad, por uso público. También hay que pagar si en el programa de mano se les ocurre reproducir el texto de algunas de las partes cantadas de una obra, si se ha sacado de un libro publicado, igualmente, hace menos de 70 años.

Hace relativamente poco a un Instituto Cervantes en un lejano país se le ocurrió digitalizar El Quijote y colgarlo de su página web, con tan mala fortuna que eligió una edición que tenía menos de 70 años. La reclamación de derechos fue tal que tuvo que retirar el texto a toda velocidad. Es posible que la lectura de El Quijote en público con motivo del Día del Libro sea un delito: depende de la edición que se haya elegido. Habría que investigarlo.

De momento, lo que está claro es que a partir de ahora va a ser delito que las bibliotecas públicas presten libros gratuitamente, sin pagar un canon a sus autores. Se suponía que la no existencia de un ánimo de lucro, su papel en la promoción de la lectura, su función como difusores y conservadores de la obra de esos autores, justificaba que el préstamo de libros no se sometiera a la omnipresente Ley de la Propiedad Intelectual. Vana suposición. Se diría que la ofensiva neoliberal contra todo lo que es público ha alcanzado su propia caricatura. Como escribió alguien recientemente en uno de los centenares de blogs que han surgido en contra de esa iniciativa: si todo es privado, reclamo el uso de mi nombre y me niego a que Hacienda lo escriba en el sobre en que me manda cartas.

Justo es decir que la culpa de lo que va a ocurrir con las bibliotecas públicas no es del Ministerio de Cultura, que defendió hasta el final su negativa a imponer ese gravamen, sino del Tribunal de Justicia de la Unión Europea , gran defensor de los derechos de autor y de reproducción.

Que lo haya decidido así el Tribunal europeo sólo quiere decir que existe una directiva de la Comisión, la 92/100, que impone ese canon. Es ahí, en Bruselas, donde los ciudadanos de toda Europa deberíamos protestar contra esa mezquina interpretación de la propiedad intelectual. ¿Acaso los libros de las bibliotecas no han sido comprados y pagados? ¿Qué es lo que van a perder realmente los autores? ¿no serán en realidad las sociedades gestoras de los derechos las que están actuando como codiciosos recaudadores? ¿Empezarán a pedir pronto que los ciudadanos que tenemos libros en casa paguemos un canon ante la evidencia de que también los prestamos? ¿Qué les parece aumentar el precio de los libros un euro para que la Sociedad General de Autores y CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) cobren por adelantado el riesgo de que se vaya a prestar a un amigo o vecino?

La ministra de Cultura ha dicho que no serán los usuarios quienes paguen el canon por el préstamo. Está bien. Lo pagarán los presupuestos de las bibliotecas: ¿será un gran éxito para los autores conseguir que haya menos dinero para comprar nuevos libros? Al parecer hay muchos escritores que no quieren que las bibliotecas les paguen por el préstamo de sus libros. Quizás se pueda elaborar la lista de quienes renuncian a ese derecho y limitar las compras de las bibliotecas públicas a los autores que se inscriban en ella. Una última cuestión, ¿se aplica el canon a los libros prestados en bibliotecas de colegios? Si es así debería crearse inmediatamente otro canon para dar un euro a cada niño que consiga leer el Viaje a la Alcarria. Qué menos

Soledad Gallego-Díaz
El País 16/03/07
solg@elpais.es

 

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